Manuel Cortés Quero, un breve alcalde socialista de Mijas, se convirtió en un símbolo de la resistencia durante la dictadura franquista. Su mandato se extendió de marzo a noviembre de 1936, justo antes del estallido de la Guerra Civil Española. Tras el conflicto, decidió regresar a su localidad en 1939, pero el temor a represalias lo llevó a tomar una drástica decisión: se ocultó en un refugio subterráneo que él y su esposa construyeron en su hogar.
Este escondite se convirtió en su hogar durante treinta años, hasta que escuchó el decreto-ley 10/1969, que prescribía todos los delitos cometidos antes del 1° de abril de 1939. A partir de ese momento, su vida dio un giro radical, marcando el final de su aislamiento.
La impactante historia de Cortés Quero ha sido llevada a la pantalla grande en la película La trinchera infinita, dirigida por Arregi, Garaño y Goenaga, y protagonizada por Antonio de la Torre. La narrativa de la película evoca a Goodbye, Lenin!, aunque con un enfoque diferente. Mientras que en la película alemana la protagonista se mantiene ajena a la realidad, el aislamiento de Cortés Quero transformó su perspectiva política, llevándolo a afirmar que «al menos para mí, la guerra ha terminado».
La historia de este «topo de Mijas» resuena en el contexto político actual de Argentina, donde figuras como Axel Kicillof intentan navegar entre el legado kirchnerista y la necesidad de una renovación en el discurso político. A pesar de las promesas de cambios y nuevas propuestas, muchos observadores critican la falta de innovación en el mensaje del oficialismo, que parece anclado en un pasado que ya no refleja la realidad contemporánea.
El kirchnerismo se enfrenta al desafío de actualizar su narrativa y conectar con las demandas actuales de la población. Sin embargo, la resistencia al cambio y la repetición de viejas fórmulas políticas podrían limitar su efectividad en el futuro. La historia de Cortés Quero y su lucha por la libertad se convierte en un recordatorio de la importancia de adaptarse a los tiempos y de la necesidad de un diálogo genuino con la ciudadanía.
Fuente: La Nación



