Un legado que comenzó hace más de 150 años con una receta familiar ha evolucionado en un grupo alimenticio que hoy cuenta con más de 300 empleados y cuatro plantas industriales. La historia se remonta a una adolescente santiagueña, Mercedes de Lezama y Olivera, quien en el siglo XIX elaboraba dulces en el Colegio de las Huérfanas de Córdoba.
Las «dulzuras» que producía generaban largas filas los viernes por la tarde, donde las huérfanas y niñas de la sociedad se deleitaban con sus creaciones. Mercedes, quien aprendió los secretos de la repostería en lo que hoy es el Museo San Alberto, conoció a Augusto Chammas, un químico francés. La pareja se trasladó a Traslasierra, donde continuó con su negocio, pero luego decidieron mudarse a la ciudad para alcanzar un mayor público.
Pedro Álvarez, gerente general del Grupo Chammas y descendiente de los fundadores, señala que consideran como fecha de fundación el año 1869, cuando se mudaron a un nuevo local. Mercedes fue la responsable de las recetas que dieron forma a la identidad del negocio, siendo reconocida como el alma de la empresa y encargada de la producción artesanal de los alfajores.
El primero en utilizar el término “alfajor”, de origen árabe, fue Chammas. Las primeras tabletas estaban rellenas de dulce de pera y otros ingredientes estacionales, mientras que el dulce de leche se incorporó posteriormente. A pesar de que los alfajores artesanales aún forman parte de su línea de productos, representan solo el 5% de su portafolio actual, que cuenta con alrededor de 200 productos.
La transformación del grupo se ha acelerado en los últimos años, expandiendo su oferta más allá de los alfajores. En 2022, adquirieron la marca Lyvián, especializada en piononos y bizcochuelos, y recientemente compraron Ottonello, una fábrica de pasta fresca. Además, producen alfajores sin TACC bajo la marca Yuka.
Álvarez destaca que actualmente producen casi 600,000 kilos de productos mensualmente, lo que representa un aumento significativo en comparación con 2018. En cuanto a la proyección de sus marcas, el enfoque está en nacionalizarlas, comenzando con los alfajores que ya están en canales de consumo masivo.
La historia de estos alfajores también ha cruzado fronteras. Durante la visita de los reyes de España, Felipe y Letizia, a Córdoba, los alfajores formaron parte de un obsequio protocolar. La sorpresa llegó cuando la reina solicitó llevar 18 cajas para la familia real en España, demostrando la atracción internacional de esta “dulzura” que, aunque no lleve su nombre, sigue en la memoria de todos gracias a Mercedes Lezama y Olivera.
Fuente: La Nación



